martes, 9 de noviembre de 2010

Llueve



Y no parece que vaya a parar en unos días. 
Es curiosa, la lluvia
Puedes verla desde la ventana de tu habitación mientras te acurrucas junto al radiador y dormirte oyéndola caer, o puedes mirarla con fastidio pensando en el plan que te ha arruinado
Puedes refugiarte de ella bajo un paraguas que, probablemente, será vencido por el viento y quejarte del tiempo, pero también puedes echar a correr por las calles, saltando en los charcos, riendo y bailando e intentando atrapar alguna gota en tu boca. ¿Quién no ha intentado beber de la lluvia alguna vez? 
Puedes mirar por el cristal y buscar la gota más redonda, más grande o más curiosa, aunque también puedes quejarte porque, fíjate, ¡qué pronto se ha ido la luz del cielo hoy! 
Puedes aprender de los niños a apreciar el olor a lluvia, ese que parece imposible que exista, y, sin embargo, uno de los mejores que hay, o puedes amargarte pensando en lo destrozada que va a quedar tu ropa nueva, preciosa, , pero, desde luego, esa chaqueta no está hecha para chaparrones
Puedes mirar al cielo, cerrar los ojos y sonreír con el cosquilleo de las gotas, sentir como el viento te despeina y el agua te cala hasta los huesos, buscar el arco iris, o puedes quejarte porque tu coche, tu precioso coche, el que hoy mismo has llevado a lavar, ahora estará lleno de porquería y quedarán las huellas de la lluvia.
Puedes disfrutarla u odiarla, pero, ¿sabes qué? Da igual, porque va a seguir lloviendo y tú no vas a poder cambiar eso. Y mientras los niños jueguen, corran y rían a rabiar bajo la lluvia y alguien disfrute del agua, siempre habrá gente quejándose del asqueroso y frío tiempo. 
Es curiosa la lluvia, si…

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